

Digital shots of the wild inhabitants and places of my homeland / Fotos digitales de los habitantes salvajes y sus hábitats en mi tierra




































Los Cactus son miembros de la familia Cactaceae. Su apariencia característica es el resultado de adaptaciones para la conservación de agua en ambientes calurosos y/o secos. En la mayoría de las especies, el tallo ha evolucionado para transformarse en el sector de la planta donde se efectúa la fotosíntesis y el almacenaje del preciado líquido elemento, mientras que las hojas se han convertido en espinas (en aquellos miembros que aún las conservan, las hojas son de forma alesnada y apenas miden de 1-3 mm de largo). Muchas especies son empleadas con fines ornamentales, otras para el forraje, por sus tallos y frutos y para uso medicinal. Todos los cactus son nativos del continente Americano y su distribución abarca desde la Patagonia hasta el sur de Canadá. Sin embargo, las zonas de mayor diversidad se concentran en el norte de México y las regiones tropicales de Argentina y Bolivia. Rhipsalis baccifera sería una excepción, dado que también es nativa del Viejo Continente, creciendo predominantemente en el África tropical, Madagascar y Sri Lanka. Se presume que colonizó estas regiones hace unos escasos miles de años; probablemente transportada mediante sus semillas en los tractos digestivos de algunas aves migratorias. Salvo en determinadas especies, los cactus son en su mayoría plantas suculentas y, tal como se expresó anteriormente, de la misma manera que muchas crasas, poseen adaptaciones que les permiten vivir en ambientes hostiles. En muchas miembros las hojas convertidas en espinas, son capaces de absorver humedad del aire y la pierden en menor escala. También atrapan la humedad en una capa próxima a la superficie del tallo, reduciendo así el gradiente potencial del agua (la tendencia de ésta a moverse de un área de mayor concentración a una de menor concentración), evitando así su escape. Las espinas defienden a la planta de los hervíboros y su densidad crea una cierta cantidad de sombra que redundaría en menor pérdida acuosa. Éstas crecen a partir de estructuras especializadas denominadas aréolas; similares a los nodos en otras plantas. Lucen como un pequeño almohadón con un diámetro máximo de 15 mm y están formadas por dos yemas dispuestas en el mismo ángulo que una hoja. La yema superior puede desarrollarse en una flor o rama adyacente, mientras que la inferior da lugar a las espinas. Los cactus usualmente cuentan con una capa serosa en sus tallos para evitar aún más la transpiración y repeler el agua que se deposite en los mismos. Debido a la gran capacidad de conservar sus líquidos, las partes que se han separado de la planta madre pueden sobrevivir por largo tiempo y echar raíces si llueve lo suficiente. Los cuerpos de muchos cactus se han engrosado durante su curso evolutivo y comformado un tejido retenedor de agua que alcanza su forma más óptima bajo la apariencia de una esfera o cilindro. De esta manera se logra el mayor volumen posible con la menor superficie expuesta al exterior. Al reducir esta última, la planta se protege de la excesiva radiación solar. El cuerpo mismo es capaz de captar las gotas provienes de la niebla. Otra adaptación sobresaliente es el el Metabolismo ácido crassuleano (CAM). En los cactus la transpiración no ocurre al mismo tiempo que la fotosíntesis, sino en la noche. La planta almacena el dióxido de carbono en el día, ligándolo químicamente con el ácido málico hasta que el sol se pone. Y dado que la transpiración tiene lugar en horas mucho más frescas, la acumulación de mayor cantidad de agua está garantida. Los cactus tienen usualmente raíces poco profundas que se esparcen ampliamente para alcanzar la escasa lluvia que cae en las zonas áridas donde crecen. La concentración de sal en las células radiculares es relativamente alta, lo facilita su potencial de absorción. El impacto de la actividad humana en el medio ambiente, sea por la construcción de nuevas infraestructuras tales como carreteras y represas o la conversión de tierras vírgenes a la agricultura o ganadería está poniendo en peligro la existencia de muchas especies de cactus. Se suma a ella la recolección ilegal de especies raras llevada a cabo por coleccionistas inescrupulosos o personas que satisfacen la afición de los anteriores.